30 años de marchar

LO QUE DICE EL SILENCIO
Por Alejandro Diaz y Victoria Camboni
¿Dónde están…?
El 20 de mayo de 1996 un grupo de familiares de detenidos desaparecidos acompañados por un mar de gente -entre los que había miles de sobrevivientes-, marchó por primera vez en silencio por la avenida principal del país, para reclamarle a la reciente democracia y al remanente dictatorial una sola pregunta: ¿dónde están? Ya entonces no había más lugar para la retórica.
Este 30 de mayo, 30 años después, el silencio, a uno y otro lado, continua. A diferencia de años anteriores, donde siempre cubrimos la marcha en su recorrido, esta vez nos mezclamos entres las primeras filas para compartir el silencio con los familiares y amigos más directos de las y los detenidos desaparecidos. Antes de iniciar, y de que se instalará un “silencio ensordecedor” -como lo supo definir el investigador Róger Rodríguez-, un hombre mayor entró por un costado preguntando y buscando entre las fotos que se alzaban la imagen de Jorge Zaffaroni. “Hoy publicaste de nuevo la foto del abuelo”, le preguntó un casi adolescente a su padre. “Sí -contestó él-, es la más bonita que tengo”.
A las 19 horas, como estaba programado, la marcha comenzó con paso lento pero constante, con las fotos bien en alto de muchos de los 205 desaparecidos confirmados hasta el momento. La sensación en el cuerpo es inexplicable: tu estómago parece que se aprieta, tus piernas es como que se erizan, tus sensaciones y tu mente empatizan inevitablemente con el dolor de todas esas personas, comunes pero extraordinarias. El impacto del silencio en la mirada de un niño, atravesado por ese momento que parece pausar el tiempo, que no entiende pero percibe, y se recuesta en el hombro de su padre que lo sostiene a upa. Es un silencio que golpea y desborda.
Durante un largo tramo caminamos detrás de Elena Zaffaroni. Su blanca melena, su gesto sereno y su figura espigada, siempre bien acompañada, recibían una y otra vez abrazos, saludos y gestos de reverencia.

A la altura de 18 de Julio y Magallanes, frente a la Plaza de los Bomberos, un enorme cartel de Plenaria Memoria y Justicia proponía una consigna: “Están en nosotros, gritan revolución”, un gesto simbólico, como un recordatorio de quiénes eran y por qué luchaban esas personas que el Estado persiguió, asesinó y desapareció.
Entre los gritos de ¡presente! cada vez que el altoparlante nombraba una a uno a los desaparecidos, se asomaban algunas -pocas- banderas de Palestina, donde hoy mismo, y ahora mismo, el terrorismo de Estado se perpetúa en un genocidio a todas luces.

Al llegar a la Plaza Libertad, comenzó a sonar el himno nacional uruguayo. Gente de todas las edades cantaba y se emocionaba. Pudimos ver, cuando la letra elevaba la frase “y muriendo también libertad”, lágrimas de dolor, de pena, de pesar, pero también de orgullo, que te hacían sentir a cada una y cada uno de los desaparecidos como verdaderos héroes que perdieron su vida por la causa de los pueblos.
La pulseada sigue
El recorrido histórico del reclamo de Madres y Familiares nace hace medio siglo. Según dijo a La Diaria Radio el fiscal de Delitos de Lesa Humanidad, Ricardo Perciballe, en todo este tiempo “se logró el procesamiento de aproximadamente 120 militares, policías o civiles por los delitos cometidos durante la dictadura”, en causas donde muchos de los nombres se repiten.
Imagínense la cantidad de reuniones, informes entregados -falsos en buena parte-, marchas, reclamos en ámbitos públicos y privados, entrevistas, libros, estudios académicos, intervenciones de organismos del derecho internacional, y tanto y tanto diálogo interminable que hubo en todos estos años. De parte de quienes buscan memoria, verdad y justicia, nadie dejó de buscar.

A pesar de eso, la pulseada por el silencio y la impunidad siguen. Del lado de los que defienden el terrorismo de Estado se crea un partido político militar para impulsar leyes de protección a los criminales de lesa humanidad, insisten con reivindicar todos los delitos que cometieron, se gastan todos los cartuchos aludiendo a que no se los puede juzgar porque el delito prescribió y es inconstitucional. Pero también crean informes para “pacificar” y “dar vuelta la página” (como el que Tabaré Vázquez pidió a los comandantes de las tres fuerzas armadas en 2005, donde habría pedido no identificar a ninguno de los responsables), se abrazan con militares represores. O dan declaraciones conmovedoras, pero a la hora de dar la orden, guardan absoluto silencio.

Hay silencios y silencios…
Como el largo silencio que guardó la vicepresidenta Carolina Cosse cuando previo a marchar este 20 de mayo, un periodista le preguntó qué reflexión le merecía que el Comandante en Jefe del Ejército, Mario Stevenazzi, hubiera dicho horas atrás que el ejército no esconde nada.
Pero el silencio, es una decisión. Y cuando el diálogo ya lleva 50 años, y cuando los protagonistas se van muriendo, y cuando la pulseada sigue sin ganarse, una, uno, es inevitable preguntarse, ¿cómo es que tanta gente acompaña la causa, marcha en el silencio, y ni siquiera así, esos miles y miles, logran quebrar el brazo de la impunidad?
Fotos: Voces Insurgentes
